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Información General

  • Nombre: Tsuki no Dōkutsu  “月の洞窟” (Cueva de la Luna).
  • Situación: En algún lugar entre Takigakure y Otogakure, al Norte del Valle del Fin  y al Sur de las Montañas del Cementerio.
  • Descubrimiento: Finales de la Iª Guerra Mundial Ninja [IªGMN] 

Historia

De misterio a tradición [Final Iº GMN - Final IIº GMN]

 Antes del segundo conflicto mundial shinobi, Tsuki no Dōkutsu ya era un lugar rodeado de misticismo. Los pueblos colindantes a dicha localización vivían en una continua prosperidad debido a las peregrinaciones a la gruta de la Luna, prosperidad de incluso no se vio afectada durante los conflictos bélicos debido a la declarada neutralidad del lugar.

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Las leyendas sobre dicho lugar, según diferentes archivos, incluso se remontan muchos tiempo antes de su época dorada, casi al final de la Iª guerra ninja.  La primera persona que dio con dicho lugar, según relatan los antiguos escritos, fue un anciano shinobi de Takigakure que renegó de su villa con el fin de vivir una vida lejos de los combates que desolaban el mundo. 

Perseguido por sus antiguos camaradas, este anciano logró llegar más al este de las fronteras de Takigakure, llegando a un bello lugar donde todavía había paz. Durante unos meses pudo refugiarse y esconderse de sus perseguidores viviendo entre los lugareños, pero, estos, temerosos de verse envueltos en un conflicto decidieron, mediante un consejo de ancianos, entregar al desertor a sus antiguos camaradas. 

Sus antiguos compañeros no se apiadaron de él. Tenían un gran rencor acumulado, ya que Takigakure había tenido que salir de la guerra y aceptar condiciones abusivas por las grandes villas debido al gran número de desertores que habían abandonado sus filas. Así, el anciano pagó por todos los que siguieron su ejemplo, y acabo siendo arrojado a una gruta de aguas turbulentas de camino a Takigakure. 

Sin embargo, pocos días después, un caminante relato en una posada algo que le había llamado la atención: Había visto a un extraño anciano correteando y gritando jubiloso cerca de un remanso de agua. Los aldeanos no entendieron dicha nueva, pero, poco a poco, a ser numerosos los transeúntes que pasaban por la zona y que contaban cosas similares empezaron a tener miedo. ¿Acaso seria un fantasma, o el espíritu del anciano en busca de venganza?

La verdad en forma de leyenda finalmente surgió de un comerciante procedente del país de los campos de arroz. Al parecer, según el mismo contó a los aldeanos de la zona, el también había visto al anciano al pasar por los acuíferos cercanos a la montaña. Sin embargo, desconociendo los rumores de la zona, el comerciante entro en contacto con el anciano. A sus ojos parecía un loco fuera de sus cabales. El anciano le comentó que había vuelto a la vida tras ser juzgado por la Luna en el interior de la formación rocosa cercana al lago. El comerciante le consideró como alguien fuera de sus cabales, pero la historia no fue despreciada por los lugareños, que recibían continuas noticias de avistamientos, tanto de nativos como de extraños.

Cuando apenas había transcurrido un año desde el suceso, uno de los ancianos participes en tomar la decisión de entregar al hombre de Takigakure sorprendió a sus allegados en su lecho de muerte. Su última voluntad era ser dejado en una balsa en las aguas cercanas a la montaña con la firme intención de ser juzgado por la Luna. 

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Según las crónicas de la época que aún permanecen en la biblioteca de la misma Tsuki no Dōkutsu, la familia concedió la petición a su mayor, y a los pocos días este fue hallado con buena salud en donde fue depositado

relatando las mismas locuras que el comerciante recopilo de la boca del anciano fantasma.

En un par de años, lo que comenzó siendo el misterioso asesinato de un desertor acabó dando a luz el mito de salvación para los moribundos de buen corazón, y lo que formó la leyenda de los acuíferos de la montaña dio lugar a una tradición que hasta la época de la 3ª guerra mundial ninja supuso riqueza y peregrinación a la zona.

Los misterios crean mitos, y las leyendas, tradiciones.

El mito se hace realidad [Después de la IIº GMN – Después de la IIIº GMN]

Los años pasaron y la fama del lugar alcanzó los pequeños países vecinos de las inmediaciones. Los rumores sobre los milagros de Tsuki incluso llegaron a los oídos de las grandes naciones ninja, que mandaron algunos de sus ancianos shinobis en busca de respuestas, hombres que desaparecieron bajo las aguas subterráneas de Tsuki. 

Estos hechos causaron gran pánico entre los habitantes de las ciudades colindantes, hasta el punto que los mismos ciudadanos extendieron el rumor de que la Luna torturaba por la eternidad a aquellos que osaban obtener su curación aun teniendo fines despiadados. Poco a poco, la no existencia de nuevas curaciones milagrosas y los rumores extendidos convirtieron a Tsuki en una tradición casi exclusivamente local.  

Sin embargo, unos 20 años después del final de la 2ª Guerra Mundial Ninja, un joven,Sadrac Kutsuya Uchiha, en su secreta fuga del Konoha, encontró la aldea a la que décadas antes había llegado el desertor de Takigakure.

Durante unos meses, el joven desertor vivió junto con los aldeanos haciéndose pasar por un joven campesino. En ese corto periodo de tiempo Sadrac tuvo la oportunidad de visualizar varias veces el ritual “premortem”  de los lugareños. Tras varias ocasiones siendo testigo de dicha formalidad ceremonial, el joven decidió preguntar por el origen de la tradición. Al ser revelada los orígenes de dicha tradición, el shinobi decidió investigar en secreto la realidad en el interior de la montaña.

Tras adentrarse furtivamente, aprovechando una noche sin luna, por una de las varias grutas ceremoniales donde los lugareños embarcaban a sus familiares moribundos, Sadrac dio con una intrincada red de canales subterráneos a modo de laberinto. La usencia de luz solar y los gases putrefactos que emanaban los numerosos cuerpos que encontraba en su camino le hizo perder la noción del tiempo. Nunca supo en su primera incursión en  

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Tsuki cuanto tiempo estuvo buscando la entrada o algún lugar donde obtener respuestas, pero, cuando se sintió completamente perdido encontró un remanso abovedado presidido por un gran lago de aguas tranquilas y unos extraños arboles de hojas carmesís. 

El lugar era realmente extraño, puesto que, a pesar de lo insalubre de los torrentes que hasta entonces había recorrido, dicho paraje poseía unas aguas cristalinas alumbradas desde su lecho por brillantes reflejos pálidos. El agua, limpia en dicho lugar, procedía de varios puntos de la cúpula. El insólito emplazamiento incluso poseía vida en forma de pequeños murciélagos, que al parecer se nutrían de las hojas de los arboles carmesí. Sin lugar a dudas, Sadrac había llegado al lugar donde había nacido en misterio de Tsuki.

Atrapado por su debilidad, Sadrac decidió permanecer en ese insoluto lugar hasta adquirir la suficiente fuerza como para abandonar la seguridad de dicho remanso. 

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Durante días se alimento de los pequeños murciélagos que habitaban el paraje. Poco a poco el joven se percato que las ratas voladoras no se comían las hojas de los arboles, si no que succionaban la savia de las mismas.

Curiosamente, la savia de las mismas era roja, de un aspecto sangriento y carente de clorofila. Era relativamente evidente que esos árboles tenían una gran relación con los mitos de Tsuki.

Finalmente, motivado mas por la curiosidad que por la necesidad, el Kutsuya decidió cavar en busca de respuestas a los pies de uno de los arboles. La sorpresa salto cuando entre las raíces descubrió un cuerpo humano perfectamente conservado y conectado a las raíces del árbol. El mismo cuerpo no respiraba, pero su corazón si latía. Era evidente que los arboles de Tsuki eran un soporte vital y usaban cuerpos para conservar la vida. Los cuerpos humanos movían la sabia de los arboles, mientras que los arboles nutrían a los cuerpos y les daban el oxigeno mediante sus hojas. 

Los arboles, además, eran tremendamente activos. Sadrac pudo comprobarlo en una de sus pruebas al dejar herido algún murciélago.  Al sentir la sangre brotar de los cuerpos las raíces pronto acudían a ellos y acababan usándolos como los cuerpos que ya permanecían bajo tierra. El “Chimori” (血森) o bosque de sangre, además también mostro capacidad  de sentir la materia en descomposición, siendo más agresivos en dicho caso con los restos, drenando a través de las raíces toda la materia dejando solo unos huesos en estado casi cristalizado.

El misterio de Tsuki había sido resuelto. Tras recuperar las fuerzas, Sadrac uso su invocación voladora para abandonar la gruta descubierta por uno de los puntos donde se filtraba el agua desde la cúpula. Los daños que sufrieron el lugar fueron moderados, no obstante Sadrac no pensaba dejar el lugar para siempre, ya había tomado la decisión de volver y convertir ese lugar. Transformaría el misterio en realidad gracias a sus poderes oculares durante su vida en Konoha por orden del Sandaime.

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De esta forma, Sadrac acabó convirtiendo a Tsuki en su morada secreta. Haciendo una diligente recopilación de información, Sadrac usó sus primeros meses después de su descubrimiento en hacer un plano de los laberintos de la gruta. También puso mucho empeño en no separarse de la vida exterior. El se sentía en deuda con ellos, puesto que había sido muy bien acogido. Por esa razón el Uchiha ponía todo su empeño en estar presente cuando un moribundo era enviado a las grutas. Dicha información, al principio, fue fundamental para estudiar las corrientes del laberinto. El sentido del deber de Sadrac acabo convirtiéndole en el sanador de los moribundos. Siempre que le era posible, mediante sus poderes oculares, el Uchiha alargaba la vida de los que eran bajados a Tsuki y los devolvía al exterior. No obstante, para ocultar su identidad desarrolló un sencillo Genjutsu en el que su cuerpo era representado por una brillante Luna.  De esta manera, la tradición, tras largas décadas, volvió a dar lugar a milagros.

Sin embargo, las buenas acciones de Sadrac ocasionaron varios efectos colaterales que ni el mismo pudo predecir.

Por una lado, Sadrac pudo recuperar el tiempo perdido de desuso de su Sharingan, mejorando poco a poco sus Genjutsus y controlado la capacidad especial de su Mangekyou Sharingan Eterno, el Naoru Kega (治る怪我) 

No obstante, el Naoru Kega (sanado de lesión) requería de un mínimo de fuerza para que el sanado recuperase la salud. Además, el mismo no era capaz de curar enfermedades muy extendidas o venenosas. El índice de curaciones fue mejorando con el paso del tiempo, pero no era infalible. Al final, Sadrac tuvo que destruir muchos cuerpos enfermos mediante Amaterasu para evitar infecciones.  Otros, que sencillamente apenas podía vivir, eran directamente usados para extender el Chimori. 

Otra circunstancia era la reducida población de la zona. Sadrac, sobre todo durante su primer año en Tsuki, no se veía obligado a hacer su labor constantemente. Esto le dio tiempo a poder hacer ampliar la gran caverna y construir sobre ella una morada. Esta morada fue modificada a su regreso, pero en principio contaba con unas habitaciones, un lugar de estudio, un jardín subterráneo presidido por el más bello de los arboles de sangre, y una escalera de caracol que daba con una de las zonas más altas de la montaña, donde un bello vergel con peces y otros animales daban un sitio de descanso al último de los Kutsuya.

Tampoco Sadrac podía controlar lo que la gente hablaba o decía de los últimos sucesos de Tsuki. Eso, a la postre, fue un problema y una bendición, pues lo cierto es que la fama fue extendiéndose exponencialmente con lo que ello suponía.

El hecho de que otras personas ajenas al lugar llegarán para obtener salud supuso un nuevo reto para Sadrac. ¿Debía curar a todos los que pudiera? ¿Cuáles no deberían ser merecedores de esa nueva oportunidad? ¿Realmente Sadrac tenía el deber de curar a los que llegaban a él?

Acuciado por dichos dilemas, Sadrac empezó a cambiar su forma de trabajar. Usando los Chimori para alargar el tiempo con cada moribundo, Sadrac transformó el simple Genjutsu  que usaba hasta el momento en algo más complejo. Ya no se limitaba solo a ocultar su ser, ahora también miraba en el interior de la mente de los que a él bajaban, y juzgaba si eran o no merecedores de vivir.  Poco a poco, esta forma de actuar llevó al Uchiha a una nueva dimensión, y es que, tras modificar su método se dio cuenta de algo mas… no solo podía ver lo que la persona había vivido, también podía, en caso de ser Shinobi, aprender los Jutsus que el mismo conocía y, con la práctica y compatibilidad, si era posible, dominarlos.

Los años pasaron, y con ellos el IIIº conflicto Mundial Ninja. Durante ese periodo, muchos fueron los que pasaron por Tsuki en busca de salud, justos e injustos, escépticos y creyentes. 

Aun así, Sadrac no tenía la mas mínima misericordia con los que no la merecían, y no eran pocos los Shinobi que aun sabiendo sus faltas intentaban alargar su vida en Tsuki. Realmente las sanaciones eran pocas, pero la fe por aferrarse la vida, sobre todo en las pequeñas naciones del norte de continente era enfermiza. No era un rumor muy extendido, sobre todo por los precavidos lugareños y dichas naciones, que querían mantener el secreto bajo control, pero tampoco lo que sucedía en el lugar podía ocultarse más allá de unas fronteras.

Sin embargo, nadie es infalible, y eso quedó demostrado años después, a saber cuántos, del fin del tercer conflicto. Y es que Sadrac finalmente fue engañado por alguien que fue capaz de ver más allá de su Genjutsu, ocultando sus manos manchadas de sangre. Esta kunoichi, del clan Tsuchigumo, despojó a Sadrac de lo que había sido su sino en la vida, la justicia, ya que tras ser restablecido en su salud, no dudo en destruir todas las florecientes aldeas y villas que se asentaban alrededor de Tsuki. 

Se desconoce hasta qué punto esta kunoichi de Tsuchigumo vio a través del Genjutsu de Sadrac, pues al fin y al cabo a este lo dejo con vida. Quizás pensó que viviría muerto en sí mismo al saber que los que le habían dado todo habían muerto por un error suyo, o quizás solo se limito a mostrar su justicia a la milagrosa Luna. Sea como fuera,  el precio que pago el Kutsuya por aprender su técnica, el Jibakujutsu, fue demasiado alto, mas teniendo en cuenta que dicha técnica no pudo dominarla si no una década después. Sin embargo esto no es lo más relevante, ya que desde ese momento la historia de Sadrac se separa de Tsuki rumbo a la violenta Akatsuki.

La nueva Tsuki [Después de 200 años de la IIº GMN – Actualidad]

Es difícil saber cuánto tiempo paso Sadrac en las filas de Akatsuki. Quizás esta es la época más oscura del propio Sadrac, tal y como fue la época en donde Tsuki fue totalmente deshabitada. Quizás, la única realidad es que la justicia que Sadrac impartió en Tsuki se torno en violencia con aires de parcialidad en Akatsuki. Lo cierto es que durante su época en la guarida, si bien es cierto que Sadrac gozo de cierto favor dentro de la organización, su salida revistió cierto un tanto de misterio. Coincidió con la irrupción en el mundo  de Karasu Uchiha, pero esto poco o nada tiene que ver con nuestra historia.

Lo cierto es que, como hijo prodigo, Sadrac volvió a Tsuki después de abandonar en mando de Akatsuki. Es muy probable que los ideales de justicia de la organización no coincidieran con los cánones de Sadrac, sin embargo, si bien Tsuki siempre fue un bastión más o menos oculto, lo cierto es que Akatsuki no volvió a cruzarse nunca más de forma directa en el camino de Sadrac. 

Sin embargo, los ideales del Kutsuya si influyeron fuertemente en su retorno a la cueva de la Luna. Lo que un día fue un paraje inhóspito donde la gente podía recuperar su salud o perecer en el acto acabó convirtiéndose en el lugar donde un reducido grupo de Shinobis procuraban justicia para el resto del mundo: Tsuki No Namida (lagrimas de la Luna).

Entonces, la Tsuki cerrada y escondida para el resto de los vivos llegó a ser abierta de par en par a la humanidad. Misteriosamente para aquellas fechas los Chimori habían desaparecido, solo siendo constatada la existencia de uno de ellos en una especie de jardín subterráneo a la entrada de la gruta abierta. Se dice que ese árbol no tiene el poder ni las propiedades de sus ancestros, pero en diversos momentos si ha demostrado que reúne la fuerza suficiente como para contener cada una de las estancias de la cueva de la Luna, reparando con su energía vital casi inagotable cada una de las piedras que conforman los muros de la misma. Incluso hay quienes aseguran que es este mismo árbol el que decide o no quien puede llegar o marcharse de la este misterioso emplazamiento.

La Tsuki no Dokutsu que fue vista por tantos, sin embargo, carecía del vasto bosque de sangre original. Algunos dicen que tras el incidente anterior a su partida hacia Akatsuki Sadrac decidió destruir el bosque con su Amaterasu, quedando reducido a polvo y un pequeño brote que al fin dio a lugar el único árbol de sangre que ha quedado hasta la actualidad. Otros aseguran que tras su partida de Akatsuki Sadrac continúo usando la habilidad de estos árboles para el bien de sus allegados. Lo cierto es que el Chimori a día de hoy es un misterio sin resolver, ya que el superviviente de ellos nunca ha mostrado alguna capacidad similar a la de sus ancestros.

Aun siendo la morada de un grupo reducido de personas, Tsuki no Dokutsu nunca ofreció un lugar cómodo a sus huéspedes, que realizaban su vida en la parte superior de la misma. Es curioso que las únicas camas que se

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encontraban en dicho lugar estaban situadas en unas cuan menos extrañas celdas, celdas que mediante un método de sellado aun presente en Tsuki no dejan ver a su huésped a través de su interior, dando la sensación al mismo de estar entre cuatro paredes tapiadas.

Quizás, la zona de mayor lustre de la propia Tsuki siempre fue el interior de la misma. Si bien se dice que la zona de celdas un tiempo fue un pequeño y acogedor refugio, se sabe con total certeza que la biblioteca de la gruta data de más antigüedad. Los escritos que recoge la sala, que en última instancia quedó en una disposición similar a la de una corte judicial, datan de los años desde el comienzo de Tsuki hasta una década antes de la IVª Guerra Mundial Ninja. Por partes iguales, los manuscritos almacenados recogen una gran fuente de información sobre Jutsus, actuales y perdidos, permitidos y prohibidos, así como crónicas de épocas antiguas, ya sean reales o quizás leyendas de dudosa veracidad.

Si bien en dicha sala muchas cosas sucedieron, al final, la verdadera historia conocida de Tsuki y Sadrac se perdió en las arenas del tiempo. Se sabe que Sadrac fue reconocido por todas las grandes naciones ninja por sus conocimientos como Juez y doctor. Algunos incluso aseguraron que tan solo él en toda la historia había sido capaz de trazar un camino similar al del sabio de los seis caminos. Sin embargo, tal y como su figura surgió y repentinamente marcó al resto de sus coetáneos, así esta se fue. 

Pocos recuerdos quedan de Sadrac Kutsuya y Tsuki No Namida salvo la propia cueva de la Luna y los escritos de su biblioteca, que esperan pacientes a ser desempolvados. ¿Su desaparición fue el fin de la historia de Tsuki… o el inicio de una nueva en la eterna y misteriosa cueva? Solo el tiempo podrá decidir esto, quizás todavía muchos secretos ocultos quedan en el interior de la montaña, quizás incluso secretos superiores a los que jamás alguien haya podido imaginar. 

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